CUESTIÓN DE EMPATÍA

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Fanny Manzano

Muchas veces cuando hablo con amigos, familiares o conocidos sobre mi trabajo, me hacen comentarios tipo: “no sé como puedes…” “qué paciencia ¿no?…” o “eso me parece tan difícil…” Algunos incluso te miran con cara de admiración como si fueras un superhéroe de cómic o algo parecido.

Igual pensaba yo antes de trabajar en Pinardi: uff hay que tener mucho aguante, paciencia, valor… hay que ser de otra pasta distinta a la mía. Me veo incapaz de educar en un aula lleno de adolescentes agresivos y maleducados, que odian a los adultos y que lo único que desean es hacer lo que les dé la gana sin preocuparse en consecuencias ni en los demás.

Dios, el destino o la casualidad (yo me inclino más por el primero) me puso en medio de ellos.

Entonces descubrí que no eran agresivos, sino que estaban enfadados por lo mal que les había tratado la vida. Que no eran maleducados, sino que nadie había estado para enseñarles o no habían sabido educarles. Que no odian a los adultos, simplemente tratan de sobrevivir en un mundo donde ningún adulto les ha comprendido. Que no saben que son las consecuencias porque nadie estuvo ahí para ponérselas, o mucho peor, se las pusieron y tan solo les supo a durísimos castigos sin sentido.

Me di cuenta entonces, que todo comportamiento tiene siempre una historia detrás. Que la agresividad siempre va de la mano del sufrimiento y que la comprensión de su pasado y su presente era la llave para ayudarles a crecer.

Cuando no piden perdón es porque nadie les ha enseñado a perdonar. Cuando son agresivos al hablar es porque crecieron en un ambiente donde esa era la forma normal de comunicarse o porque tienen una herida sin cerrar.

Empatía y mucho amor ese es el secreto. Lo demás, coser y cantar.

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