LA VOLUNTAD DE PAN BENDITO

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Mayo de 2012. Cierro la página de búsqueda de empleo y me pongo a pensar. Mi madre desde la cocina me dice “En seguida nos quejamos” al verme mascar palabras delante del ordenador. “Otros lo pasan peor, Ana” me repite y sé que lleva razón.

Bueno…esto es el comienzo de mi historia en la Plataforma Social Pan Bendito.

Abro el buscador, busco “Voluntariado en Madrid”. Aparecen muchos pero a mí me llama la atención uno ¡Panben!  En menos de 24 horas ya estaba subiendo la calle General Ricardos con mi bici y estaba conociendo el lugar que formaría parte de mi vida hasta hoy Octubre de 2016.

Me hicieron una entrevista y me preguntaron por la experiencia tratando con niños y me explicaron la historia del barrio de sus gentes y del proyecto y ahí fue donde me enganché a Panben.

Ese mismo jueves empecé y entré en una clase llena de pequeñas cabecitas dispuestas a estudiar algunos y a vaguear otros.

Durante casi cuatro años mi experiencia no ha hecho más que mejorar. Hora de llegada: las 17:00. Hacemos deberes y les explico desde un problema con fracciones hasta uno de diptongos e hiatos. Les pregunto la lección y sobre todo nos damos abrazos y, cómo no, jugamos y hasta nos vacilamos. Merendamos. Dan las 18.30 y salimos al recreo para después volver para hacer una actividad o seguir con los deberes dependiendo del día. Y así contado suena a poco quizás, pero os puedo asegurar que para mí Pan Bendito es de lo mejor de la semana.

Abril de 2015. Salgo tarde de trabajar y enfadada. Me han llovido palos por todos los lados, llevo dos semanas sin poder ir al voluntariado y estoy disgustada conmigo misma. Llego al aula y se levantan los niños a abrazarme y a decirme que dónde estaba. En ese momento sabes que tu semana ha merecido la pena y ya te metes en faena empezando con los problemas de mates con Christopher. No se puede pedir más.

Son muchos nombres, muchos niños, mucho cariño y también mucha paciencia ,pero ahí te das cuenta de la suerte que tenemos y de lo mucho que un simple gesto puede ayudar a un niño, que muchas veces no tiene una historia fácil. Vivimos en nuestros mundos de oficinas y rutinas pero en la calle Besolla se está moviendo algo de importante de verdad: La voluntad, que es el primer requisito para ser parte de la familia de Pan Ben.

En el Centro de Día (que es de donde soy voluntaria) desde las 17.00 hasta las 19.30 acuden niños de entre 3 y 18 años. Cada historia es distinta pero todas confluyen en un bien común que es el apoyo escolar y personal. Se hacen actividades de integración social, se incluyen a las familias para que hagan con los niños alguna y se les dedica un apoyo y una atención personalizada a cada uno.

Junto a cada voluntario hay un educador que te ayuda y te enseña que las cosas importantes no están en un mail que mandas a tu jefe o en correr en el metro porque llegas tarde al trabajo. Hay algo más allá y los educadores de Pan Bendito lo saben bien. Lo importante es ayudar a los que tienes a tu alrededor. Por eso os doy las gracias: porque los educadores y los niños hacéis que sea mejor persona cada día. Al final los niños te enseñan más a ti que tú a ellos.

Octubre 2016. Vuelta a las clases, como todos los años el primer día del curso me pongo nerviosa… qué clase me tocará, qué niños nuevos habrá,… me pregunto si les podré ayudar bien, si me entenderán, si podré sacar todo el tiempo que quiero. La clave está en el segundo requisito para formar parte de Pan Ben, que es la ilusión. Con ilusión sacas tiempo un día a la semana y cualquier otra actividad pasa a ser secundaria. El tiempo no es una cuestión de tiempo. Es cuestión de querer.

Gracias a Pan Bendito por dejarme se parte de algo que de verdad mola.

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Ana- Voluntaria de Pan Bendito.