No basta querer

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Ha pasado tanto tiempo desde el día que tuvimos la presentación del curso… Algunos se mostraban como una pared infranqueable, parece mentira que ahora podamos compartir un rato de risas en el pasillo. Y es que todos los años, por desgracia, se repite el mismo esquema. Cuántos chicos llegan diciendo las mismas frases que llevan oyendo año tras año: No vales para nada, siéntate al fondo y no molestes, ni lo intentes… Y cómo se sorprenden cuando son capaces de rellenar un cuaderno con apuntes, de aprobar con nota los exámenes, de reparar un ordenador, de realizar con éxito las prácticas en una empresa…

Hoy estábamos viendo en clase el Arte Romano, cuando de pronto, llaman a la puerta, me piden que salga un momento porque alguien quiere verme. Salgo con la expectación de un niño que espera la llegada de los reyes magos, porque no es la primera vez que recibimos una visita inesperada. Cuán grande es mi sorpresa al ver que se trata de un antiguo alumno que quiere pasar a saludarnos. Si a cualquier persona le gusta que le valoren su trabajo, para nosotros no hay nada tan gratificante como que nos visiten nuestros antiguos “chavales” para contarnos cómo le está yendo la vida, pedir consejo o simplemente por el placer de vernos.

Para todo el mundo, el efecto Pigmalión (creencia que tiene una persona sobre otra y que puede influir en el rendimiento de la última) es necesario, pero en el mundo de la educación es fundamental. Porque… qué efecto tan beneficioso hacen las palabras confío en ti, tú puedes, si quieres puedes hacerlo, yo estoy aquí para ayudarte… Por eso intento que la frase que un día dijo Don Bosco sea mi lema en la labor educativa con los chicos de FP Básica en la Plataforma Social Pan Bendito:

No basta amar a los niños, es preciso que ellos se den cuenta que son amados.

Ana, educadora de FPB en la Plataforma Social Pan Bendito.

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